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A sus 99 años ya cosió más de 1000 vestidos para niñas africanas.

Esta abuela le dio un nuevo sentido a la vida ayudando a quienes más lo necesitan. A pesar de su siglo de vida, coser vestidos para niñas africanas es su manera de aportar un grano de arena. Cosiendo una prenda por día combina las dos mejores cosas que sabe hacer: coser y amar a su prójimo.

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La historia de Lillian, la mujer que cose vestidos para niñas africanas.

A sus casi 100 años de edad Lillian Weber, una anciana norteamericana ya conocida por todos, logró el record de confeccionar más de 1000 vestidos para niñas africanas. Produciendo uno por día, esta adorable mujer dona su tiempo y oficio a las pequeñas necesitadas de África. Debido a su completa dedicación y ejemplo de vida, diversos medios mundiales han apartado un lugar para contar esta maravillosa historia y brindarle el reconocimiento que se merece.

Todo comenzó cuando en 2011, Weber entró al programa de una asociación sin fines de lucro denominada “Little Dresses For Africa”, con sede en Michigan. La organización, desde 2008, ya ha entregado más de tres millones de vestidos a África, aunque también ayuda a niñas de otros países como Guatemala. México, República Dominicana, Filipinas y Cambodia.

Los modelos de vestido que la organización solicita son los tipo “fundas de almohada simple”; aunque Lillian disfruta de colocar detalles, estampados y adornos que mejoran aún más la prenda. A través de sus trabajos, y después de casi 92 años dedicándose a la costura, la mujer desea transmitir un mensaje de amor, dedicación y preocupación por las niñas que reciben la ayuda.

Rachel O´Neill explica que la organización no sólo busca dar vestimenta, sino también ayuda y protección. Cuando los abusadores notan que una niña lleva un vestido nuevo, evitan someterla, esclavizarla o prostituirla debido a que saben que alguien está cuidando de ella.

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El secreto de la longevidad.

En una entrevista donde se le consultó a Weber sobre su actividad realizando vestidos para niñas africanas, también se le preguntó cómo hacía para mantenerse tan vital. La abuela expresó su eterno agradecimiento a la vida: en su familia no sólo disfruta de sus hijos y nietos, sino también de 20 bisnietos que la llenan de amor. Además, entre risas, confesó ir a la cama temprano, despertarse tarde y comer todo lo que le gusta. Siendo tan afortunada, decidió entregar todo lo que le quedaba: tiempo, amor y el oficio de toda su vida.

Allison Moore, una bisnieta de tan sólo 10 años de edad, dice estar muy orgullosa de su abuela, viendo que sigue haciendo lo que realmente le gusta hacer.

Sin ningún tipo de obligación u otra motivación que el amor, Lillian expresa sentir una enorme satisfacción con su tarea en la organización. Sus metas y objetivos diarios son auto exigidos para poder brindar cada día un poco más.

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