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Algún día alguien te abrazará tan fuerte que tus partes rotas se unirán de nuevo.

A veces la soledad no nos permite disfrutar de la vida, o la tristeza invade el corazón, o las preocupaciones ocupan gran parte de nuestro cerebro… sin embargo, un abrazo sincero en el momento exacto puede devolvernos las fuerzas para seguir adelante. Un apretón tan grande, tan cariñoso que nuestro corazón se reconforta, regenera los pedazos que fue perdiendo a lo largo de los años y vuelve a latir vigorosamente. El cuerpo, la mente y las emociones comienzan a funcionar en sintonía.

Porque el poder de los abrazos es indiscutible. Aunque un abrazo no resuelva los problemas, es tan fortalecedor como la solución misma. Es el empujón que necesitamos para continuar, es la demostración de que no estamos solos, es la seguridad de que podemos lograrlo. Incluso, la sinceridad y la espontaneidad de esta demostración de afecto, nos devuelve la alegría por un buen rato.

Muchas personas no gustan de recibir abrazos, ya sea por el contacto físico o porque se sienten muy invadidas e incómodas. Aunque siempre existen en el mundo esos seres especiales que sí tienen permitido hacerlo, porque todos necesitamos recibirlos y todos necesitamos darlos.

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Abrazos de todo tipo.

“Creo sólo en lo que puedo tocar, besar o darle un abrazo. El resto es solamente humo.” (Edward Paul Abbey)

Hay tantos tipos de abrazos como personas en el mundo. Cada uno encierra un mensaje, una intención, un sentimiento, un deseo, una bendición. A través de este gesto nos vinculamos con el otro mediante un idioma simbólico, donde las palabras están de más. Así, podemos encontrarnos con estos y muchos tipos más de abrazos:

  • Abrazos de oso: Una persona rodea el cuerpo de la otra, tratando de abarcar la mayor porción de cuerpo posible y la aprieta contra su cuerpo. Es una gran demostración de cariño y apoyo incondicional.
  • Los abrazos de bienvenida: Este tipo de abrazos se dan a todos por igual y suelen ser más formales. Sin embargo también transmiten un saludo cálido y cordial. Consiste en apoyar la barbilla sobre el hombro de la otra persona y dar una pequeña palmadita en la espalda.
  • Abrazos sándwich: Se dan entre tres o más personas, dejando en el centro al que recibirá el cariño. Están cargados de espontaneidad y familiaridad.
  • Abrazos avasalladores: Son esos que nos agarran por sorpresa. Son los que parten de un impulso y nos dejan sin palabras. Los que nacen cuando nos dejamos llevar por las emociones y no analizamos nada más.
  • Abrazos de corazón: En los abrazos de corazón se entrega el cuerpo en plenitud. Los brazos descansan en los hombros de la otra persona y nuestra cabeza en su pecho.
  • Abrazos de costado: Se dan mientras caminamos y demuestran un gran cariño y sinceridad (tanto que es imposible esperar a detenerse). También son los abrazos de las personas que esperan junto a ti, que comparten ese momento de ansiedad o angustia. Es la demostración del deseo de estar unidos.
  • Abrazos por la espalda: Son abrazos románticos, donde una persona se acerca por la espalda y funde el cuerpo de ambos. Denotan pasión, deseo y amor.
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Los beneficios de abrazar.

“Éramos el abrazo de amor en que se unían el cielo con la tierra.” (Rosario Castellanos)

Puede resultar difícil nombrar todo lo que un abrazo nos puede brindar, ya que cada persona los recibe de manera particular y los sentimientos pueden ser interminables. Pero sabemos que es un gesto sanador que contribuye a nuestro bienestar integral y nos fortalece a niveles indescriptibles. Los beneficios comprobados son:

  • Ayudan a disminuir el estrés.
  • Ofrecen seguridad, protección y apoyo a la persona que los recibe.
  • Fortalecen nuestra autoestima.
  • Transmiten fortaleza.
  • Son un intercambio de energías vitales.
  • Mejoran las relaciones interpersonales y facilitan el diálogo.
  • Brindan tranquilidad, armonía y relajación.

Abrazar es acariciar el alma de la otra persona, es brindar amor sin mirar a quién. Es una terapia que cura utilizando sólo un ingrediente: la empatía. A través de esta acción comprendemos los sentimientos del otro, demostramos cómo nos sentimos nosotros y expresamos buenos deseos e incondicionalidad.

“Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.” (Gabriel García Márquez)