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Cada quién cosecha lo que siembra.

¿Cuántas veces has oído a tu madre o abuela decir “cosecharás tu siembra? ¿La vida te lo ha demostrado? ¿Crees en este refrán? Para algunos, se trata sólo de una frase que representa consecuencias: todo lo que siembres tendrá consecuencias. Sin embargo, trata de algo más. Habla sobre los frutos de tus acciones, sobre la lucha y la perseverancia, sobre las acciones llevadas a cabo con ímpetu.

Sembrar trabajo dará frutos como las recompensas monetarias, los éxitos profesionales y los beneficios de nuevos puestos de trabajo. Sembrando amor podrás cosechar paz, felicidad, unión, amistad y compañía. Sembrar implica modificar tu entorno, proponerte un objetivo y luchar con todas tus fuerzas hasta lograrlo.

Sigue adelante: valora lo que eres, cura lo que duele y esfuérzate por conseguir tus sueños.
La vida se trata de vivir. Aunque parezca obvio, puedes levantarte todos los días y repetirlo para tus adentros “vive”. Vivir implica disfrutar. Disfrutar de lo que eres, del camino recorrido, de lo que has conseguido, de lo que te has convertido. Agradece lo que tienes y recuerda que eso que das, luego se devuelve.

”Caminante no hay camino… Se hace camino al andar”.

Perdona las circunstancias dolorosas del pasado, seguramente alguna enseñanza has obtenido. Abre tu mente a la sabiduría, vivir plenamente te hará una persona sabia. Del perdón brotan sentimientos sanadores, renovadores y de paz. Perdonar te permite avanzar y recoger enseñanzas. Avanza con fuerza, proponte un sueño, pelea hasta obtenerlo y abraza el camino hacia tu realización.

La metáfora de la cosecha.

La semilla es algo pequeño. Algo que puede transformarse, crecer y convertirse en algo gigante. La semilla tiene la capacidad de transformar el entorno, de dar muchos frutos y beneficios.

Tú debes ser el responsable de la semilla, de su correcto desarrollo, de nutrirla, de brindarle tiempo y cuidado, de todo el proceso de transformación. Ser responsable implica saber qué hacer antes y durante. Sembrar te dará experiencias buenas y no tanto, pero de todas ellas aprenderás cosas importantes para tu desarrollo. La experiencia es lo único intransferible en esta vida. Pueden decirte qué, cómo y cuándo, pero nadie puede darte la experiencia en sí misma, sólo pueden contártela.

Si no te gusta lo que cosechas, entonces es hora de replantear lo que se sembró. Hay que cambiar la semilla o hay que modificar los cuidados.

”Nada se pierde, todo se transforma”.

No te canses de intentarlo, disfruta de cada momento, realiza cada acto con amor y no tendrás de qué arrepentirte. Hacer el bien son también pequeños actos que cambian tú vida y las de los demás. Pequeños gestos que, a corto plazo, también darán sus frutos. Las complicaciones forman parte del aprendizaje, no te rindas y podrás sentirte orgulloso de ti mismo.

Selecciona bien tu semilla.

”Pregúntate a diario si lo que estás haciendo hoy, te acerca a donde quieres llegar mañana”.

Ahora, en este preciso instante, estás caminando un sendero que tú forjaste. Tus decisiones y actos te han llevado hasta donde hoy estás. Aunque puedes anticiparte un poco, las consecuencias nunca son una ciencia exacta. Allí reside la importancia de elegir bien tus semillas.

Cuando pones todo el empeño y las cosas no salen como las esperabas, puedes volver a intentarlo. El problema realmente existe cuando se agotan las esperanzas y las ilusiones. Sé el artífice de tu felicidad, de tus éxitos.

Es necesario colmar tus semillas de sonrisas, alegrías, buenos momentos y gente encantadora. Son aditivos que la nutren, que ayudan en el proceso, que dan fuerza para seguir. Son elementos que harán la diferencia cuando coseches frutos que, quizás, no eran los esperados. Llegado ese momento, podrás mirar para atrás y estar feliz con el proceso.

También encontrarás semillas que prometen soluciones rápidas, fáciles y seguras. Recuerda que los malos actos también se siembran, que una semilla seleccionada con rencor, con sed de venganza, con envidia o mala voluntad, puede matar todo lo que con tanto empeño has conseguido. Parece que las soluciones rápidas existen, pero es un engaño. Tarde o temprano llegan las consecuencias. Lo rápido y fácil no enseña, no hay nada aprovechable en ello.

”Quien siembra vientos, cosechará tempestades”.

Reconoce tus sentimientos negativos e intenta dejarlos de lado. Piensa bien, cura tus heridas y actúa con el corazón.

Desarrolla tus capacidades.

Sé consciente de quién eres, de lo que realmente mereces, de tus fortalezas y debilidades. Busca el bien común y la plena felicidad desarrollándote personalmente.

  • Crea una red de sustento emocional. Mantén a las personas importantes cerca de ti. Genera relaciones beneficiosas, personas con las que puedes contar, dialogar y expresar tus emociones. Valora a las personas por lo que son y no por lo que tienen, siempre con humildad.
  • Atrae las cosas buenas. Ve por ellas, lucha y no esperes que las cosas lleguen por sí solas.
  • Ten presente
  • que las fórmulas mágicas y los métodos exactos no existen. Puedes escuchar y tomar consejos de aquellos que esperan tu bien, pero nadie podrá darte la fórmula de la felicidad. Debes perseguir tus sueños buscando las respuestas dentro de ti.
  • Permítete sentir, experimentar y, sobre todo, equivocarte.
  • Sal de tus zonas de confort, anímate a buscar, a correr riesgos y a generar aventuras.