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Estos son los primero síntomas de daño hepático que todo el mundo ignora.

El hígado es un órgano vital para nuestro cuerpo. Se encarga de múltiples funciones, además de permitir y favorecer el funcionamiento de otros órganos. Entre sus variadas tareas, es el encargado de mantener nuestra sangre sin desechos, produce la bilis que luego se encargará de la digestión  y acumula glucógeno, una forma de azúcar que se convierte en energía para las células del organismo.

Cuando el hígado no está en óptimas condiciones de salud o comienza a correr riesgos de padecer algún tipo de daño, todo nuestro organismo corre graves peligros de enfermar. Por desgracia, son muchos los pacientes que admiten no haber estado conscientes del daño que ejercían sobre su salud hepática. Para evitar que tú también seas de estos pacientes y para que no sea demasiado tarde, hoy te contamos los primeros síntomas de daño hepático a los cuales deberás estar muy atento.

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Presta atención a los primeros síntomas de daño hepático.

Como hablábamos anteriormente, existen muchas formas de dañar nuestro hígado y de una forma bastante inconsciente. Hábitos comunes como aguantar las ganas de orinar por demasiado tiempo, pueden perjudicar el estado hepático. Otras causas son no cuidar los niveles de colesterol en sangre, no descansar adecuadamente, no desayunar, beber alcohol con frecuencia o una dieta rica en grasas y alimentos procesados.

Es importante estar muy atentos a los síntomas que nuestro cuerpo experimenta para evitar trastornos más severos. Recuerda dirigirte a un médico especialista si tienes dudas respecto al estado de tu salud. Si no conoces los primeros signos de daño hepático, te invitamos a descubrirlos:

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Color amarillo de la piel.

Cuando el hígado está debilitado o sus funciones se ven interrumpidas por alguna enfermedad, es muy probable que esa debilidad lo vuelva deficiente. Es decir, ya no será lo suficientemente fuerte para limpiar la sangre de los desechos que consumimos en cada comida. Cuando esto sucede, la bilirrubina comienza a acumularse en el organismo y tiñe, de color amarillento, la piel del cuerpo.

La bilirrubina, que es un tipo de pigmentación biliar, no puede ser eliminada por el hígado dañado y es liberada al torrente sanguíneo. En primer lugar, se pigmentan las uñas, los dedos de manos y pies, y los ojos.

Cambios en la orina y en las heces.

Los cambios más notorios son las heces pálidas y descoloridas; al igual que la orina muy espumosa y con coloración oscura. Cuando notes esto, deberás acudir inmediatamente con un especialista que te recomendará algunos estudios. Luego, a partir de un análisis citológico el médico diagnosticará el tipo de daño y el tratamiento adecuado.

Inflamación.

Cuando el hígado se daña, tiende a retener líquidos. La retención de líquidos inflamará todo tu cuerpo en general, aunque el cambio más considerable lo notarás porque tu estómago se hinchará sin razones aparentes y de repente.

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Dolores abdominales.

Principalmente estos dolores pueden traducirse como calambres estomacales. Estos dolores agudos se presentarán en la zona izquierda de tu vientre y se producen por una falla en las funciones hepáticas.

Vómitos o reflujos gástricos.

Cuando el hígado se daña empuja los jugos gástricos hacia el esófago, por lo que podrías experimentar reflujos ácidos y problemas para digerir los alimentos. Incluso, estos inconvenientes digestivos pueden hasta provocar vómitos.

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