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Expertos en Neurociencia afirman que el Trastorno por Déficit de Atención no existe.

El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un trastorno en el comportamiento donde la persona se distrae fácilmente, presenta inquietud motora, conductas impulsivas e inestabilidad emocional.

El porcentaje de personas diagnosticadas con TDAH va en aumento año a año de manera exponencial, principalmente en niños. Muchos psicólogos aseguran que la vida ajetreada, llena de estrés y trabajo de los padres, sumado al bombardeo tecnológico que sufren los menores, los vuelven más propensos a padecer este trastorno.

Sin embargo, a medida que esta enfermedad avanza, muchos especialistas en Neurociencia afirman que el TDAH no es una enfermedad en sí y advierten a los adultos sobre los peligros de medicar a los niños y los negociados detrás de la medicación recetada.

Dr. Perry afirma que el TDAH es una descripción de síntomas, no una enfermedad en sí.

El mencionado Dr. Perry es un miembro de alto rango en la “Child Trauma Academy” de Houston, Texas, Estados Unidos. Es pediatra y autor de numerosos libros que tratan de explicar la psicología del niño. El objetivo es buscar desde la empatía y el entendimiento, explicaciones sobre la conducta sin recurrir a las explicaciones médicas.

Este mismo doctor, en declaraciones recientes, afirma que el TDAH se debería considerar como una descripción de síntomas muy variados que afectan tanto a niños como a adultos en cualquier momento de la vida. Es decir, que diversos factores pueden desencadenar estas reacciones y no es una enfermedad en sí misma. Los síntomas son tan variados y amplios que cualquiera de nosotros podríamos quedar encasillados en ellos. Siguiendo esta idea, entonces todos padecemos de TDAH.

Además de ser una enfermedad con un diagnóstico tan generalizado, el peligro radica en la prescripción de medicamentos. En los últimos años, las ventas de medicamentos como Ritalin, Adderall, Vyvanse y otros estimulantes, han crecido notablemente. Recetados principalmente en niños de 4 a 17 años de edad.

Perry asegura que este tipo de medicación es muy perjudicial para la salud física y mental de una persona que se encuentra en pleno desarrollo. Los estudios realizados en animales para investigar los posibles efectos de estas drogas, han dado resultados alarmantes. A largo plazo, el paciente necesita muchos más estímulos para conseguir niveles de placer: más alimento para sentir saciedad, más peligro para sentir un poco de adrenalina, etc.

Antes de medicar a su niño, el doctor aconseja analizar el entorno del menor, acompañar su nutrición y realizar actividades como yoga. El objetivo es educar a los adultos para que logren estar controlados y sin sentimientos de frustración, dar metas alcanzables a los niños y permitirles tomar algunas decisiones. Muchas veces, los síntomas del pequeño derivan de los síntomas del adulto cercano.

El psicólogo Marino Pérez afirma que el TDAH no existe y la medicación funciona como un dopaje.

Marino Pérez es especialista en psicología clínica y catedrático en la Universidad de Oviedo. Actualmente presentó un libro, junto con otros investigadores, donde afirma que el TDAH no existe. Este trastorno, además de carecer de identidad clínica, intenta “patologizar” conductas normales de la infancia.

Según la investigación, el diagnóstico de TDAH se basa en una serie de síntomas poco objetivos. Por el contrario, se trata de apreciaciones sumamente subjetivas que no pueden diferenciar el supuesto comportamiento normal, del que no lo es. No existen condiciones neurobiológicas, ni genéticas que desencadenen este déficit de atención.

El que no exista un biomarcador, no significa que el problema no exista; por el contrario, se intenta explicar a los padres que moverse y sentir curiosidad es algo común a los niños, quedarse quietos no forma parte de su naturaleza.

Las particularidades cerebrales que pueden presentar los pacientes, no pueden ser tenidas en cuenta ya que, el cerebro, presenta una estructura muy variable. Lo que la estructura puede representar es si el niño es más curioso o más inquieto, pero no un trastorno en sí. Representa intereses, no una enfermedad.

Pérez, también recomienda a los adultos que busquen ayuda en profesionales independientes e investiguen mucho antes de medicar a los niños. Denuncia que muchos de sus colegas y médicos, reciben ayudas y subvenciones de farmacéuticas. Los manejos lucrativos de los laboratorios llevan a que los pacientes diagnosticados con TDAH sean medicados. Fármacos que funcionan como dopaje, no para curar: son sustancias estimulantes que logran un mayor rendimiento y concentración de manera artificial.

Hay muchos tratamientos que ayudan tanto a los padres como a los niños a mantenerse calmados, a educar la impulsividad y sin recurrir a fármacos basados en anfetaminas.