Las personas felices no hablan mal de los demás

Lo mejor de reunirnos con amigos, en cumpleaños o para festejar algún acontecimiento importante, es la interacción con los diferentes invitados. Sin embargo, no existe nada más desgastante que oír a alguien criticar sin parar. En un primer momento intentamos hacer oídos sordos. Luego los comentarios resultan molestos, hasta que finalmente comenzamos a sentirnos muy mal. La angustia no deriva precisamente por piedad hacia la persona criticada, sino más bien por aquella que no tiene otra actividad mejor que ponerse a hablar mal.

“Hablar poco pero mal, ya es mucho hablar” Alejandro Casona.

En realidad es difícil no pensar en la situación del criticón. La pobreza emocional en la que puede resultar inmerso, lo lleva a prestar demasiada atención a la vida ajena. Seguramente su propia vida contiene muchas cosas buenas de las cuales sentirse orgulloso, sin embargo este sujeto hablador, no puede enfocarse en ellas.

Las personas que hablan mal de los demás, tienden a intoxicar todo el entorno y llenarnos de pensamientos negativos. Resulta chocante ver cómo sus intenciones se esfuerzan por perjudicar a otro. Además de concentrarnos en que esos comentarios no lleguen a perjudicarnos, podemos hacer algo por todos: ayudar a este sujeto e invitarlo a la reflexión.

Cuando logramos vivir en armonía, en paz con nosotros mismos, en un entorno adecuado para nuestra salud física y mental; podemos transmitir esa serenidad. Podemos tener la suficiente claridad mental para brindar ayuda y comprensión a quien no puede ver las cosas buenas de su propia vida. Después de todo, recuerda que las palabras hieren sólo cuando lo permitimos y cuando el que las dice nos importa lo suficiente. 

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Lo que otros piensan de ti, no forma parte de tu realidad.

A lo largo de nuestras vidas nos encontraremos con un sinfín de personas dedicadas a brindar opinión. Existen algunas que sólo lo hacen cuando se les consulta, otras lo hacen por amor a perjudicar. Las que forman parte de este segundo grupo son bastante perjudiciales para el entorno social. Se dedican exclusivamente a resaltar las cosas negativas de los demás y tergiversar las cosas a su favor.

“El solo sujeto del que realmente puedo hablar y en nombre del cual me permito hablar con algún derecho de causa, es sobre mí misma” Victoria Ocampo.

El primer paso para ignorarlas, es entender que estas personas suelen menospreciar al resto para tapar los vestigios de su autoestima muy baja. Incluso podrás notar las dificultades que poseen para enfrentar sus propias dolencias emocionales y resolverlas valientemente. Sin entrar en la crítica y sabiendo que son seres que necesitan principalmente comprensión, puedes ayudarlos a afrontar sus propios miedos.

Cuando nos encontramos en nuestro propio eje, sabemos que las críticas son inevitables pero podemos hacer algo para que no afecten nuestra paz interior. Aquí los caminos son dos: ignorar o comprender y seguir.

Sé fuerte ante la crítica.

Ser el centro de todos los comentarios no es algo gratificante y hace que peligre nuestra salud emocional. Para ello, comienza sabiendo los motivos de quien te critica. Como hemos visto, puede deberse a un autoestima disminuido, envidia, deseos de perjudicar o porque nosotros representamos todo aquello que el otro deseaba y no logró, somos el reflejo de sus frustraciones.

“Toda lengua es un templo en el que está encerrada el alma de quien habla” Oliver Wendell Holmes.

La manera de ser fuerte frente a los comentarios maliciosos, es concentrar tus energías en mejorarte a ti mismo cada día, incluso en no ser como aquel que te critica. No podemos defendernos actuando de la misma manera, por lo que el mejor camino siempre, es hacia adelante. Avanza en tus proyectos, en tus sueños y festeja tus logros. Mira hacia adelante, vive tranquilo con tus propias decisiones, afronta los errores como aprendizajes en el viaje y rodéate sólo de aquellas personas que te acompañan, te aconsejan por tu bien y son capaces de felicitar tus resultados.

“Si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una lengua; es porque deben mirar y oír dos veces antes de hablar” Madame de Sévigné.