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Los que ya no están, siempre permanecerán en nuestros corazones.

La pérdida física de un ser querido es una situación difícil para todos. Los momentos vividos, los recuerdos compartidos, las risas y los llantos vienen a nuestra memoria para recordarnos lo mucho que apreciábamos a ese ser que ya no está con nosotros.

Sin embargo, en un rincón de nuestro ser, en lo más profundo de nuestras almas existen los tesoros más importantes. Justo allí, donde guardamos lo más preciado de nuestras vidas, viven los que ya no están y descansan para siempre cerca de nuestro corazón, abrigados por el calor del amor que les sentiremos siempre.

La muerte es una sombra enigmática que acecha sobre cada una de nuestras vidas. Para muchos resulta algo difícil de comprender, para otros es algo natural. Sin embargo, cuando un ser querido fallece, la muerte nos enfrenta a una cruda realidad y nos obliga a afrontar muchas situaciones para las cuales, quizás, no estamos preparados. Hoy te invitamos a reflexionar juntos y te animamos a que puedas expresar tu dolor de la manera más sana; pudiendo conectar con tus emociones y desarrollando una madurez emocional que te ayudará en el futuro.

Comienza diciendo adiós.

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La muerte no nos da segundas oportunidades. No tenemos la posibilidad de despedirnos formalmente de aquel que se fue. A veces creemos que es “muy pronto”, otras nos recriminamos haber callado nuestros sentimientos y hasta llegamos a convencernos de que su “cuota de vida” ya estaba cumplida. Más allá de las situaciones particulares, nunca estamos preparados para la despedida final. Nuestra cabeza y nuestros corazones se niegan a decir el “adiós” definitivo.

La realidad es que no podemos llenar el vació que nos queda luego de despedir a una persona. Decir adiós es admitir que ya nunca estaremos juntos, es continuar la vida sabiendo que no podrás abrazarla nunca más, es resignarse a su partida física y adaptarnos a los tiempos que vienen.

La vida continúa su ciclo normal y como actores fundamentales en ella, debemos analizarla como un camino de aprendizaje. Un sendero con un principio y un final. Ninguno de nosotros somos eternos y, desde que tenemos conciencia de finitud, sabemos que estamos de paso. Por ello es importante vivir cada día plenamente, disfrutar de los seres queridos y decirles cuánto los queremos y cuán importantes son en nuestras vidas.

Cada reunión con amigos, cada sonrisa de nuestros niños, deben ser atesoradas y cuidadas. Recuesta tu cabeza por la noche y procura no tener cuentas pendientes, rencores ocultos, sentimientos por expresar, palabras por decir. Promueve tu felicidad y la de todos los que te rodean. Así, llegado el momento, será más fácil decir adiós y podrás abrazar con el alma cada uno de tus recuerdos y emociones.

¿Cómo afrontar la pérdida de un ser querido?

Como primera medida, es muy importante que te permitas vivir y sentir el duelo. Se denomina duelo a un proceso emocional que sigue a cualquier tipo de pérdida. Con pérdida nos referimos a una muerte, una separación de parejas o un despido en el trabajo, cualquier pérdida deriva en un duelo. Como todo proceso, puede haber épocas de crisis, de adaptación o de emociones encontradas. El objetivo principal es dejar salir las emociones, afrontarlas y buscar la manera de seguir adelante. Afrontar el dolor hasta finalmente aceptar la pérdida, nos enfrenta a diversas fases que debemos sobrellevar:

Negación:

Es la primera etapa ni bien nos enteramos de la pérdida. Son nuestros pensamientos que se resisten a admitir la realidad. ¿Cómo voy a continuar mi vida sin él/ella? ¿Cómo aceptar que ya no veré nunca más a mi padre, madre, hermano, amigo? Se caracteriza por ser un gran impacto emocional.

Enfado o Indiferencia:

En esta segunda fase, las personas reaccionan de maneras diferentes. Algunos sienten un enojo y una frustración muy grande. Pueden expresarse contra su deidad, contra ellos mismos, contra la vida o contra la misma persona fallecida por haberlos abandonados. Otros, en cambio, evitan hablar del tema y no pueden expresar sus emociones.

Negociación:

Comenzamos a aceptar algunas cosas. Entendemos que esa persona no está y no volverá. Podemos hablar con otras personas respecto a la pérdida, la enfermedad o el accidente que se llevó su vida. Vislumbramos cómo será la vida a partir de este momento.

El dolor de la realidad:

Una vez transitado los momentos de shock, aparece el dolor en su máxima expresión. Es necesario expresar los sentimientos, sacar el dolor hacia afuera para que no queme por dentro. Desahogar toda la tristeza que sentimos te permitirá seguir adelante. No escuches a quien te diga “es mejor no llorar”, nunca es mejor callar nuestros sentimientos.

Aceptación:

Finalmente, asumimos la pérdida y estamos dispuestos a afrontar el vacío venidero. Aceptamos la muerte como un ciclo natural y estamos dispuestos a continuar a pesar del dolor y conociendo que ya nada será igual.

Recuerda apoyarte en tus familiares y amigos que continúan allí para ti. Son el sostén que necesitarás para volver a sonreír y para que el dolor pese cada vez menos. No te aferres a las últimas palabras dichas, o a los momentos difíciles, céntrate en las emociones positivas y en los recuerdos felices.