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¡¡Milagro del Papa Francisco que ni los médicos logran explicar!!

El Papa Francisco pasó brevemente unos días en México donde, además de saludar a los fieles y bendecirlos, realizó un milagro difícil de creer a los ojos de la ciencia. Sin embargo, un niño pudo dar sus primeros pasos luego de que el Sumo Pontífice lo abrazara y besara.

El milagro del Papa Francisco.

La paraplejia es una enfermedad que provoca una parálisis de la mitad inferior del cuerpo, por lo que la persona carece de movilidad. Generalmente se debe a una lesión en la médula o producto de una malformación congénita denominada espina bífida. La paraplejia no se cura (aunque existen actualmente algunos tratamientos que dan nuevas esperanzas, todavía en experimentación) por lo que los pacientes pasan su vida en sillas de rueda.

Mauricio Mota Sánchez es un chico de 15 años, oriundo de San Puebla Guelatao, Oaxaca, México, que padece paraplejia desde el nacimiento. Sin embargo, desde que el Papa Francisco saludó al joven, todo cambió.

Los padres del adolescente, Florencia Sánchez y Enrique Mota Sosa, contaron en diversos medios de comunicación lo sucedido: después de haber saludado al Papa, Mauricio pudo levantarse de la silla de ruedas y dar sus primeros pasos. Luis Rivera, el médico de cabecera de la familia y quien conoce al joven de toda la vida, dijo:

“Lo que ha sucedido no tiene explicación científica. Mauricio, quien no ha podido caminar nunca por una enfermedad que causó gran daño en su espina dorsal, se ha levantado brevemente de su silla de ruedas para dar algunos pasos. Estamos, sin dudas, ante un verdadero milagro.”

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La familia Mota Sánchez gastó hasta el último centavo de sus ahorros para realizar el viaje que llevaría a Mauricio ante la presencia del Pontífice. Una vez allí, Enrique explicó al Santo Padre la situación del joven, cómo era su vida y cuán grande su pesar. Pidieron que las cosas mejoraran, que sus dolores se alivien. Fue en ese momento que el Papa Francisco se acercó, lo abrazó y bendijo su cuerpo. Con ademanes muy cariñosos tranquilizó al adolescente quien sufría grandes molestias desde siempre.

“Cuando el Santo Padre abrazó a Mauricio, Enrique y yo supimos que todo había cambiado. De un instante a otro, ya no se escucharon sus quejidos por el dolor. Allí, en ese momento me di cuenta que mi hijo, después de muchos años, volvió a sonreír aliviado”, dijo la madre.

Después de este hecho, el adolescente comenzó a moverse en su silla de ruedas.

“Nosotros no comprendíamos qué estaba sucediendo. De pronto él quiso pararse por su cuenta. Aunque no podíamos creer lo que estábamos viendo, corrimos a su encuentro para ayudarlo. Luego, movió sus pies con nuestra ayuda y dio sus primeros pasos”.

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