Premios y castigos en la educación infantil: DEBERÁS DEJARLOS DE LADO SI DESEAS EDUCAR DE MANERA RESPETUOSA.

Los premios y castigos en la educación infantil, siempre han tenido un papel predominante. No sólo en el hogar, sino que esta es una herramienta muy difundida en la escuela. Sin embargo, ¿qué dicen los especialistas al respecto? Un pediatra especializado en crianza respetuosa nos cuenta por qué esta técnica no educa y cuáles son las consecuencias.

¿A qué nos referimos con “educación infantil”?

Cada familia es un mundo. En cada hogar, se hace lo que se puede y todos tendemos a repetir algunas conductas de nuestros propios padres. Los premios y castigos en la educación infantil han formado parte de nuestras vidas en casi cualquier ámbito y es difícil erradicarlo.

Lejos de juzgar el tipo de enseñanza que cada padre imparte, el objetivo es realizar un análisis sobre las consecuencias de premiar o castigar. Para ello, es necesario comenzar por preguntarnos qué es la educación infantil.

Al hablar de educación infantil hacemos referencia al conjunto de conductas, actitudes y reacciones que nuestros pequeños deben aprender. Los conocimientos más académicos serán aprehendidos en la escuela y serán otros especialistas los que analicen la “educación formal”.

Todos somos educados de algún modo. Si no fueron nuestros padres, fueron hermanos, tíos, abuelos o hasta el mismísimo entorno. De pequeños, todo con lo que tenemos relación nos educa de una u otra manera.

Dentro de la sociedad, la familia enseña conductas o acciones que esa misma sociedad ve como “correctas, aceptables y respetuosas”. Reacciones que luego serán más o menos efectivas, según corresponda. Es decir, los educadores deberán realizar un seguimiento de cerca, algo muy normal si tratamos con niños pequeños.

PREMIOS Y CASTIGOS EN LA EDUCACIÓN INFANTIL.

Premios.

El premio es algo positivo que se entrega luego de una conducta, reacción o respuesta que consideremos positiva. También puede ofrecerse para incentivar dicha respuesta y eliminar otra negativa.

Castigo.

El castigo sería lo opuesto. Es una respuesta negativa hacia una conducta que consideramos inapropiada. Privar al niño de algo también se lo considera un castigo, las penitencias, el castigo físico, etc.

¿Cuál es mejor?

Ni los premios, ni los castigos son necesarios en la crianza. Por un lado, los premios materiales sólo fomentan el interés del pequeño y no dejan ningún tipo de enseñanza. Por el otro, fomenta el temor al castigo, mientras que la acción en sí queda en segundo lugar.

La relación con nuestros hijos está basada en el amor incondicional que sentimos mutuamente. Si bien el amor no debe ser objeto de negociación jamás (es decir que jamás deberíamos chantajear con él o privarlo como forma de castigo) es suficiente para que tu hijo reciba lo que realmente necesita.

Entonces, ¿cómo educar?

Desde el amor: Mostrar agrado a sus conductas positivas es suficiente para que dicha conducta se repita. Nada quiere más el niño que ver a sus padres conformes y orgullosos.

Consecuencias lógicas: Busca una consecuencia lógica a su conducta. Si golpea a su hermano, la consecuencia es que éste ya no querrá jugar con él por lo que deberá pedir disculpas y comprometerse a no volver a hacerlo. Habla sobre el dolor del golpe, sobre cómo solucionar conflictos dialogando, sobre la importancia de la amistad, etc. Si lo envías a su habitación, entonces no comprenderá las consecuencias de sus actos.

Con claridad: Debemos ser claros en el mensaje, concisos y coherentes. Además, consistentes y pacientes.