Enfermedad de Alzheimer: Factores de riesgo, Complicaciones y Diagnóstico (parte 2)

En este segundo artículo podremos conocer cuáles son los factores de riesgo que nos llevan a ser más propensos a padecer la enfermedad de Alzheimer. A su vez, cuáles son las pruebas que los especialistas llevan a cabo para lograr un diagnóstico y, finalmente, cuáles son los tratamientos convencionales para todos los pacientes.


Si necesitas conocer más información, te recomendamos leer la parte 1 de este artículo: “Enfermedad de Alzheimer: Qué es, síntomas y causas frecuentes (parte 1)”, donde especificamos de qué se trata esta enfermedad, sus fases y los síntomas más comunes.

¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?

(A continuación, sólo abordaremos este tema de forma sintética ya que es información presente en la parte 1 del artículo)

La enfermedad del Alzheimer es un tipo de demencia que ocasiona grandes problemas de memoria, en un principio, pero avanza hasta afectar otras áreas del cerebro. El pensamiento, la conducta e incluso la motricidad también son alterados cuando la enfermedad avanza.

Esta afección es responsable de entre el 60% al 80% de los casos de demencia y, a diferencia de lo que se cree, no es un signo propio de la edad, sino que depende de varios factores (es decir que no afecta a todos los adultos mayores por llegar a cierta edad).

La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por ser progresiva, incurable y mortal. Es neurodegenerativa, es decir que provoca la muerte de las células nerviosas (neuronas), atrofiando diferentes partes del cerebro. La duración del paciente desde que obtiene el diagnóstico (esto siempre dependerá de cuándo el paciente acude al médico) es de 10 años aproximadamente.

Entonces, se manifiesta a través de:

  • Pérdida de la memoria inmediata
  • Pérdida de las capacidades cognitivas superiores
  • Trastornos conductuales
  • Deterioro cognitivo generalizado

Síntomas

Uno de los primeros síntomas en manifestarse es la incapacidad de crear o adquirir nuevos recuerdos (pérdida de la memoria inmediata), lo cual no suele ser señal de alarma para la mayoría de los pacientes. Al vivir dentro de una sociedad tan agitada y por el ritmo de vida acelerado, las personas suelen interpretar esto como señal de estrés o cansancio.

Sin embargo, como mencionamos, la enfermedad de Alzheimer avanza paulatinamente, otras áreas cerebrales comienzan a afectarse y se manifiestan síntomas nuevos:

  • Confusión mental
  • irritabilidad
  • agresión
  • cambios repentino de humor
  • trastornos del lenguaje
  • predisposición al aislamiento
  • depresión
  • imposibilidad de controlar esfínteres
  • conductas socialmente reprochables
  • desinhibición

Causas

A ciencia cierta, no se conoce una causa específica y única que desarrolle la enfermedad. Las últimas investigaciones han podido confirmar que existe una relación directa con algunas proteínas y la alteración de sus funciones dentro de las células. Más específicamente se trata de las placas amiloides y los ovillos neurofibrilares.


(Para leer esta información de manera detallada, te recomendamos leer la parte 1 del artículo: “Enfermedad de Alzheimer: Qué es, síntomas y causas frecuentes”)


Factores de riesgo de la enfermedad de Alzheimer

Así como no se conoce una causa única y específica, se cree que el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer se da por una conjunción de diferentes factores que predisponen a ciertas personas a padecerla, mientras que otras presentan probabilidades más bajas.

A continuación, detallaremos los factores más comunes según los especialistas:

EDAD

Este es el factor de riesgo más conocido ya que se ha determinado que la enfermedad afecta principalmente a los mayores de 65 años. Los casos de personas de menos edad se denominan “Alzheimer precoz” por este motivo.

Sin embargo, vale aclarar que la enfermedad en sí no forma parte del proceso natural de envejecimiento. ¿Qué significa esto? Que no todas las personas mayores de 65 la padecerán, sino que a medida que pasa el tiempo existe una probabilidad mayor.

Para poder graficarlo de manera más clara, los especialistas encontraron una clara incidencia de la edad en el desarrollo de la patología, por ejemplo: Anualmente, se conocen 2 casos nuevos de enfermedad de Alzheimer por cada 1000 personas de 65 a 74 años.

Sin embargo, a medida que la franja etaria aumenta, también lo hacen los casos de Alzheimer: 11 nuevos diagnósticos por cada 1000 personas de 75 a 84 años y 37 casos nuevos por cada 1000 personas de 85 o más.

PREDISPOSICIÓN GENÉTICA POR ANTECEDENTES FAMILIARES

Según las investigaciones, el riesgo de padecer Alzheimer aumenta si algún familiar de primera grado tiene o tuvo la enfermedad. Se entiende por parientes de primer grado a aquellos que están directamente conectados contigo en el árbol genealógico, es decir tus padres o hermanos.

Si bien se ha podido determinar esto a partir de estadísticas y estudios de investigación, los factores genéticos que predisponen de una u otra forma aún se consideran complejos y carecen, en gran medida, de una explicación científica fiable.

Existe una variación del gen apolipoproteína E, denominada APOE e4, que aumentaría las probabilidades de padecer la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, esta variación no es determinante para el diagnóstico ya que muchas personas la poseen, aunque no desarrollan la enfermedad en ningún momento de su vida (incluso en personas muy longevas).

Otras investigaciones han identificado la mutación de tres genes que están presentes en los pacientes con Alzheimer. Esto significa que, si un familiar directo posee al menos una de estas mutaciones, casi con seguridad desarrollará la enfermedad. Sin embargo, estos casos más claros sólo representan el 1% de los casos totales.

SINDROME DE DOWN

Se ha percibido que muchas personas con síndrome de Down desarrollan la enfermedad de Alzheimer.

Se cree que es por tener tres copias del cromosoma 21 que, a su vez, posee tres copias del gen que produce la proteína de donde sale el fragmento beta- amiloide. Cuando se acumulan fragmentos beta-amiloides juntos con otros desechos celulares se forman las “placas amiloides” (más información en la sección Causas de la parte 1 del artículo).

Debido a que las personas con síndrome de Down tienen una expectativa de vida menor, la enfermedad de Alzheimer se desarrolla entre 10 a 20 años antes (entre los 45 y 55 años de edad).

SEXO BIOLÓGICO

Existe el mito generalizado que las mujeres tienen más posibilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer que los hombres. Sin embargo, son más las mujeres que la padecen por el hecho de que ellas viven más tiempo que los hombres (tienen una mayor expectativa de vida).

A ciencia cierta, el sexo no es determinante para aumentar o disminuir las probabilidades de padecer este tipo de demencia.

DETERIORO COGNITIVO LEVE

El deterioro cognitivo leve es un padecimiento que se caracteriza por una disminución de la memoria, superior a lo que se espera de una persona a una edad determinada.

Es decir, a medida que envejecemos los problemas de memoria son normales, aunque algunas personas presentan un déficit de la memoria un porcentaje mayor al promedio. Es a este último grupo al que se le diagnostica deterioro cognitivo leve (DCL).

Los síntomas son: pérdida frecuente de objetos, olvido de citas o eventos y dificultades para encontrar una palabra en el momento preciso o rápidamente. Como podemos ver, una persona con DCL es capaz de cuidarse a sí misma y puede llevar a cabo una vida normal.

Sin embargo, los estudios han podido comprobar que los pacientes con DCL tienen un altísimo porcentaje de desarrollar algún tipo de demencia. Esto dependerá de cuál es el déficit primario de la enfermedad. Por ejemplo: si lo más afectado por el DCL es la memoria, lo más probable es que la enfermedad derive en una demencia con el paso del tiempo.

Un diagnóstico de DCL le brinda al paciente la posibilidad de realizar algunos ajustes y cambios en el estilo de vida que le permitan retrasar la enfermedad de Alzheimer. Mutar a una vida más saludable, desarrollar y llevar a cabo estrategias para compensar la pérdida de memoria y asistir a consultas con un especialista son indispensables para controlar los síntomas.

TRAUMATISMO DE CRÁNEO

Las personas que sufrieron algún tipo de traumatismo de cráneo en el pasado, presentan un riesgo mayor de padecer este tipo de demencia, según los estudios.

DESCANSO INSUFICIENTE O PROBLEMAS DE SUEÑO

Los investigadores también han encontrado una relación entre los pacientes que han padecido, durante gran parte de su vida adulta, problemas para conciliar el sueño, insomnio o hábitos de descanso insuficientes, y un aumento en las posibilidades de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

LA SALUD CARDÍACA Y EL ALZHEIMER

En el último tiempo, diferentes investigaciones han logrado comprobar que los mismos factores que ponen en riesgo la salud cardíaca, también influyen en la posibilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

Estos factores de riesgo tienen mucho que ver con el estilo de vida que llevamos, nuestros hábitos alimenticios y el manejo del estrés; y ellos son:

  • presión arterial elevada (hipertensión)
  • sedentarismo, falta de ejercicio
  • tabaquismo
  • sobrepeso u obesidad, especialmente los cuerpos que tienden a acumular grasa en la zona abdominal.
  • Niveles elevados de lípidos en sangre (colesterol y triglicéridos)
  • Padecer diabetes tipo 2 (y no llevar un tratamiento adecuado lo cual puede derivar en síndrome metabólico)

Estos factores nos dan la posibilidad de realizar un cambio profundo en nuestro estilo de vida y lograr prevenir ambas enfermedades. Combatir la vida sedentaria, controlar el peso y un tratamiento adecuado para la diabetes tipo 2 son suficientes para conseguir cambios significativos y modificar todos los demás factores.

Además, se revierten las estadísticas y se reducen también los riesgos.

La alimentación es igual de importante ya que una dieta rica en frutas y verduras, balanceada en proteínas, basada en alimentos reales y no en los industriales también se asocia a un menos riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.

EDUCACIÓN, CAPACITACIÓN Y ACTIVIDADES PERMANENTES

Según lo que pudo comprobarse, las personas con niveles educativos más bajos presentan un riesgo mayor. Al parecer, la capacitación permanente o la participación en actividades sociales que requieren cierto nivel de atención y estímulo, tienen una relación directa con el “entrenamiento” de la memoria.

Los estudios y la participación en actividades se consideran estímulos mentales que hacen la diferencia respecto a aquellas personas que tienen una formación académica menor al secundario, por ejemplo.

Complicaciones de la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es progresiva por lo que las complicaciones que el paciente padecerá son la enfermedad misma que avanza. Esto lo podemos ver en la fase 3 de esta demencia donde nos encontramos con una persona que pierde la capacidad del lenguaje y otros problemas cognitivos.

Estas características de la enfermedad avanzada traen aparejadas la imposibilidad de expresar sentimientos y sensaciones. Es decir, en caso de que el paciente padezca otra afección, será imposible saber sus síntomas (salvo que estos se expresen de manera física y explícita) y se complican los tratamientos.

Por ejemplo, es muy difícil que un paciente que no puede hablar y también ha perdido la memoria, explique que padece un dolor de garganta. Ese dolor en la garganta puede ser una bacteria sencilla de eliminar con antibióticos, sin embargo, el médico sabrá que algo sucede por la fiebre que luego se desarrollará. Hasta que se encuentre el foco de la infección, el paciente ya ha pasado varios días padeciendo las molestias.

Los pacientes con una enfermedad de Alzheimer avanzada no pueden hacer las siguientes cosas para avisar que algo está mal:

  • Les es imposible advertir una alergia o efecto secundario causado por un medicamento o alimento particular.
  • No pueden manifestar molestias gástricos, reflujo, acidez estomacal, gastritis, etc.
  • No identifican las reacciones del cuerpo como si fueran síntomas (por ejemplo, si padecemos dolor de cabeza por dos días podemos advertir que algo no va bien. Un paciente con Alzheimer puede padecer esa molestia por meses sin ser capaz de advertirlo como un síntoma).
  • Hablar sobre cómo se siente o dónde siente el dolor.
  • Advertir sobre molestias dentales o bucales.
  • No pueden continuar un tratamiento médico por sí solos.

Etapa final de la enfermedad

Cuando la enfermedad de Alzheimer ha llegado a la tercera fase, el daño cerebral es bastante severo y el paciente pierde muchas capacidades cognitivas importantes. Las funciones físicas son las más notables y necesita de un cuidador permanente.

Hasta las acciones más sencillas como tragar alimentos o mantener el equilibrio, se pierden por completo. Tampoco mantiene un control intestinal e incluso puede que, por los espasmos musculares, el paciente termine postrado en una cama.

Todas estas características e imposibilidades lo vuelven muy vulnerable a enfermedades y propenso a los accidentes.

Las complicaciones y peligros presentes en esta etapa de la enfermedad de Alzheimer derivan directamente de la pérdida de casi todas las funciones físicas y son:

  • Caídas frecuentes (que pueden derivar en fracturas, torceduras u otro tipo de lesiones).
  • Broncoaspiración con alimentos o bebidas por problemas al deglutir.
  • Infecciones comunes pero peligrosas como neumonía.
  • Úlceras de decúbito o escaras a partir de la postración
  • Desnutrición
  • Deshidratación

¿Cómo se llega al diagnóstico?

Como todo diagnóstico, primero se requiere de un informe detallado de los síntomas del paciente. Esta información puede ser brindada por el mismo paciente cuando la enfermedad está en sus inicios y es plenamente consciente de algunas situaciones que ha vivido. Incluso puede relatar cosas que le han comentado sus familiares cercanos y que él mismo no recuerda.

Los familiares, amigos y entorno social cercano (compañeros de trabajo, por ejemplo) también pueden acercar sus inquietudes e incluso acompañar al paciente a la visita con el especialista.

Es esencial comentar cualquier experiencia fuera de lo normal, síntomas físicos o factores que llamen la atención. Mencionar de qué forma todo esto está interfiriendo o alterando la vida cotidiana del paciente.

Examen físico

Como cualquier consulta, se continúa con un examen físico para determinar el estado general del paciente. Además, a través de él, se pueden evaluar algunas características neurológicas esenciales.

El examen consiste en el análisis de:

  • Equilibrio
  • Capacidad del paciente para erguirse de la silla y ubicación al sentarse
  • Reflejos
  • Ejercicios de coordinación de brazos y piernas
  • Fuerza muscular
  • Tono muscular
  • Caminar por la habitación
  • Examen de vista
  • Examen de oídos

Pruebas cognitivas

Después de acercar la inquietud y mencionar los síntomas generalizados, a la vez que se describe la vida cotidiana, el médico realizará algunas pruebas de capacidad cognitiva al paciente donde podrá determinar cuestiones vinculadas con la memoria y su respectiva evaluación.

Existen pruebas breves que ayudan a conocer el estado mental de la persona; pero también hay un conjunto de exámenes más extensos que no sólo evalúan la memoria, sino también otras capacidades intelectuales. El profesional podrá elegir una o ambas pruebas, según lo crea necesario.

En la mayoría de los casos, los médicos utilizan ambas opciones. Con la primera logran tener una idea generalizada que los ayuda a solicitar más pruebas; mientras que con la segunda alcanzan un nivel de detalle mayor respecto a las funciones neuropsicológicas.

Cuando se consiguen las pruebas neuropsicológicas del paciente, se comparan con los resultados de personas de edad y nivel de educación similar.

Este suele ser el punto de partida en los pacientes con la enfermedad de Alzheimer donde el médico determina el nivel de daño y puede comenzar un seguimiento de la progresión de los síntomas.

Pruebas de laboratorio

Otros análisis que se solicitarán son los de laboratorio. A través de ellos el especialista podrá descartar o determinar si se trata de otra afección diferente a la demencia o si realmente estamos hablando de la enfermedad de Alzheimer.

Algunas enfermedades hormonales (como las relacionadas a la tiroides, por ejemplo) o deficiencias nutricionales pueden derivar en problemas de memoria y/o confusión.

Diagnóstico por imágenes

El diagnóstico por imágenes del cerebro es fundamental en los casos de pérdida de memoria.

A través de la imagen se logra determinar la existencia de cualquier anomalía (en caso de que existiese) identificar disfunciones y determinar por qué suceden los cambios cognitivos.

A partir de éstas se pueden observar problemas que difieren de la enfermedad de Alzheimer como accidentes cerebrovasculares, traumatismos de cráneo, tumores, etc. Obviamente, también son efectivos a la hora de encontrar cambios en el cerebro producidos por algún tipo de demencia.

Para acceder a un diagnóstico por imágenes hay que recurrir a los más importantes hospitales de la región. También existen centros especializados con aparatología de vanguardia que se dedican sólo a este tipo de exámenes computarizados y fiables.

Algunas de las pruebas más solicitadas son:

RESONANCIA MAGNÉTICA

La resonancia magnética es uno de los métodos más utilizados debido a su exactitud y detalle. Para lograr la imagen, la máquina emplea ondas de radio y un campo magnético.

La imagen obtenida es muy útil para descartar otras afecciones que pueden estar dañando o alterando las funciones cerebrales. También se puede observar algún cambio en el tamaño o la forma, pero no son determinantes en cuento al Alzheimer en sí, sino para descartar todas las demás.

TOMOGRAFÍA COMPUTADA O COMPUTARIZADA

Las tomografías computarizadas son una exploración a través de rayos X. Con esta prueba se pueden realizar cortes transversales de la imagen del cerebro y permite ver pequeños detalles como accidentes cerebrovasculares, células tumorales y otros tipos de lesiones.

TOMOGRAFIA POR EMISIÓN DE POSITRONES (TEP)

El daño causado por la enfermedad de Alzheimer, y los procesos que implica, se pueden observar mediante una tomografía por emisión de positrones. Para lograrlo, se le inyecta al paciente un trazador radiactivo de bajo nivel, en la sangre. Este trazador revelará algunas características importantes del cerebro.


NOTA: El empleo de un trazador radiactivo es una técnica donde se busca que los átomos de las moléculas de interés se sustituyan por un isótopo diferente (radiactivo en este caso) y se puedan observar con claridad en la imagen de diagnóstico.


Entonces, ¿qué podemos observar en una TEP? Lo siguiente:

  1. TEP CON FLUORODEOXIGLUCOSA: Este radiactivo muestra en qué parte del cerebro los nutrientes se están metabolizando de una forma inapropiada lo que permite encontrar un patrón de deterioro. Las zonas con bajo metabolismo permiten saber si se trata de la enfermedad de Alzheimer o es alguna otra afección que desencadena la disfuncionalidad.
  2. DETECCIÓN DE AMILOIDES: Como hemos visto los amiloides se reagrupan formando placas junto con otros desechos celulares. A partir de esta imagen, se puede medir la carga de los depósitos de amiloides en el cerebro y determinar si se trata de un tipo de demencia para la detección temprana de los síntomas.
  3. DETECCIÓN DE PROTEÍNAS TAU: Las proteínas tau que mutan y se reorganizan en ovillos neurofibrilares pueden ser captadas con una TEP. Este tipo de diagnóstico sólo se utiliza en la investigación por lo que suele emplearse una vez que el paciente ha muerto.

Cuando se trata de una demencia severa que avanza rápidamente o algún otro caso peculiar y extraño, se pueden llevar a cabo otras pruebas que analizan las proteínas tau y las beta-amiloides. Sin embargo, son excepciones ya que se necesitan muestras del líquido cefalorraquídeo y cuenta con cierto nivel de peligro.

Otras pruebas y opciones

Desde hace un tiempo, los especialistas se encuentran investigando la posibilidad de encontrar pruebas que permitan medir la evidencia biológica de los procesos propios de la enfermedad de Alzheimer. Esto ayudaría de manera más precisa y se lograría un diagnóstico anterior a la aparición de todos los síntomas de demencia.

Por otro lado, no se recomiendan los estudios genéticos a la hora de evaluar un diagnóstico ya que no es determinante. En aquellos paciente que cuentan con antecedentes familiares importantes, se puede aconsejar este tipo de análisis sólo cuando los antecedentes hacen referencia a un Alzheimer temprano (aparición de la enfermedad antes de los 65 años de edad).

¿Cómo prepararse para la consulta con el especialista?

Generalmente, el paciente necesita una persona o un grupo de apoyo y confianza. En primer lugar, puede ser muy difícil para el paciente hacerse entender cuando relata síntomas o situaciones que, a decir verdad, no recuerda.

En segundo lugar, llevar a un acompañante a la consulta brinda también seguridad respecto a las palabras que el médico dirigirá al paciente, el cual puede olvidarlas al retirarse del consultorio.

Si tienes dudas o sientes la necesidad de hablar sobre tu memoria con un especialista, pide que un amigo o familiar te acompañe a la visita. Armar una estrategia puede ser esencial tanto para el paciente como para el grupo familiar que estará apoyándolo.

En caso de que necesites acompañar a un familiar porque sospechas sobre sus capacidades cognitivas, ten presente que debes ser un punto de apoyo para él. Tu tarea es ser lo más conciso posible y responder todas las dudas sobre antecedentes familiares e historia clínica de la persona.

También deberás dar tu punto de vista y mencionar cualquier cambio que hayas presenciado. Tu trabajo será fundamental en el equipo de apoyo ya que serás en esta oportunidad, además, el punto de contacto entre el profesional y los demás familiares. Al menos durante las consultas iniciales el paciente necesitará apoyo. Con el paso del tiempo deberán nombrar un tutor o responsable del tratamiento que lleve ordenadamente el plan.

Puede que necesiten una derivación inicial. Ante esto, el paciente recurre a un médico clínico que lo puede derivar hacia un neurólogo, un psiquiatra o un neuropsiquiatra para que solicite las pruebas de diagnóstico.

¿Qué información llevar?

Una buena forma de prepararse para la consulta, ya seas el paciente o el acompañante, es llevando todo anotado. Procura detallar la mayor cantidad de información posible:

  • Antecedentes familiares y detalles de la historia clínica que incluya diagnósticos pasados y recientes.
  • Listado de síntomas donde se expresen los cambios en la conducta y en la memoria, que llaman la atención del entorno. También se recomienda tener una descripción del carácter y humor general del paciente.
  • Hábitos y estilo de vida del paciente, mencionando las actividades de su rutina cotidiana.
  • Medicamentos que consuma ya sean recetados o de venta libre. También vitaminas o cualquier suplemento dietario.
  • Médicos: Nombrar todos los médicos de confianza o que han atendido al paciente al menos en los dos últimos años, especificando la especialidad y el motivo de la consulta. También se aconseja nombrar otras terapias alternativas como acupuntura, reflexología, etc; o cualquier tratamiento de rehabilitación como fisioterapia o quiropraxia.

¿Qué preguntas realizará el médico?

Básicamente, el médico necesita conocer cuándo comenzaron los cambios y cómo los advirtieron para así comprender qué habilidades mentales son las afectadas.

Estas son algunas de las preguntas más frecuentes que suelen hacer:

  1. ¿Qué tipos de dificultades de memoria ha experimentado el paciente?
  2. ¿Son olvidos momentáneos y luego los recuerda, lapsus u olvidos completos?
  3. ¿Cuándo comenzaron? ¿Recuerda la primera vez?
  4. ¿Nota que empeoran con el paso de los días o hay días que mejoran?
  5. ¿Esto ha afectado a alguna actividad que llevaba a cabo de manera cotidiana? Por ejemplo: puede administrar sus finanzas como siempre, realizar las compras en el mercado, ubicación normal dentro del barrio o ciudad, recuerda citas importantes, etc.
  6. ¿Experimentó cambios de humor repentino o cambios en el estado de ánimo? Como depresión, angustia, ansiedad, etc.
  7. ¿Recuerda el camino a casa, al mercado, a la casa de un familiar, las calles que rodean su hogar con total claridad? ¿Alguna vez sufrió confusión o problemas para ubicarse en estos lugares conocidos? ¿Desorientación?
  8. ¿Algún familiar ha expresado preocupación por alguna situación en particular?

CONCLUSIÓN

Entonces, podemos concluir, que el conjunto de herramientas y pruebas es necesario para alcanzar un buen diagnóstico. La combinación se encuentra diseñada con el objetivo de lograr un pantallazo general de la situación de salud, aunque certero en cuanto a la detección y diagnóstico de la enfermedad.

Todas las pruebas son efectivas y se alcanza a determinar la causa de los síntomas con gran precisión. Sin embargo, la enfermedad se logra diagnosticar al 100% luego de la muerte del paciente donde con un estudio microscópico del cerebro se pueden observar en detalle los ovillos neurofibrilares y las placas amiloides.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top